sábado, 27 de diciembre de 2008

Elías Pino Iturrieta // Krauze con nosotros


Una breve noticia sobre las contribuciones del autor, para que pueda considerar su reciente libro
Supongo que los lectores sabrán quién es el mexicano Enrique Krauze, pero tal vez los menos relacionados con el quehacer intelectual de América Latina carezcan de informaciones sobre su obra en un país que, pese a los clamores sobre la integración y la hermandad del vecindario, generalmente se cocina en su propia salsa sin mirar hacia los costados.
De allí que convenga una breve noticia sobre las contribuciones del autor, para que se pueda ponderar después la trascendencia del libro que acaba de publicar sobre los perjuicios que el régimen de Chávez le acarrea a Venezuela. Enrique Krauze destaca hoy por la edición de Letras Libres, una publicación periódica con fascículos editados en México y España en la cual se reúnen textos habitualmente lúcidos sobre la cultura y la política en general, que cuentan con un enjambre de lectores; pero antes participó en la cúpula de Vuelta, la legendaria revista de Octavio Paz.
El compromiso con esos órganos bastaría para concederle sitio estelar en la creatividad y la crítica de nuestros días, pero le debemos un conjunto de títulos gracias a los cuales se ha establecido como historiador de sólida presencia. Tal vez su contribución más célebre sea Siglo de caudillos, un examen de las vicisitudes del liberalismo mexicano gracias al cual obtuvo el IV Premio Comillas, pero no le hacen segunda un par de libros sobre el control de la autoridad en los procesos contemporáneos de su país: la elocuente Biografía del poder y un contundente análisis de La presidencia imperial, estudios sobre los regímenes posrevolucionarios que desembocan en la fortaleza ya esfumada del PRI.
A las obras dedicadas al pasado de su país deben agregarse un estudio sobre el maestro Daniel Cosío Villegas, prolífico historiador y taimado entendedor del juego político, y una serie de cuadernos de divulgación que circularon profusamente gracias a la fundación de la Editorial Clío, quizá uno de los esfuerzos de acercamiento de la historia a los sectores populares con mayor fortuna en los países de lengua española.
De la peripecia propiamente nacional pasa a un ensayo sobre los retos de la globalización, Travesía liberal, búsqueda de explicaciones sobre los desafíos de un entendimiento de la sociabilidad que todavía pugna por establecerse debido a la influencia del autoritarismo y de ideologías que fomentan el parasitismo en diversos contornos.
Otro cuarteto de publicaciones se incorpora luego a su catálogo, pero el vistazo de hoy basta para que pueda calcularse la entidad de sus aportes. Ha entrado en circulación su trabajo más reciente, El poder y el delirio (Alfa, 2008), ensayo denso sobre el personalismo venezolano de nuestros días. Se inscribe en la tendencia denominada "historia del presente", de gran auge en la última década y capaz de iluminar circunstancias de reciente data con el auxilio del método que usualmente miraba sólo hacia procesos desaparecidos en el tiempo. No es una diatriba desenfrenada contra el césar tropical, sino un acercamiento que parte de la mesura propia de un investigador profesional para culminar en un alegato difícil de rebatir contra la negación de la democracia asfixiada por el apetito de un mandón corriente, a quien juzga como un anacronismo en el marco de la contemporaneidad y a quien llena de reproches partiendo de su entendimiento liberal de la vida. Como no se limita a un examen unilateral de las fuentes, como se nutre de una copiosa bibliografía sobre el pasado nacional, como trabaja los testimonios con inusual destreza y como se comunica en prosa diáfana, construye una imprescindible interpretación de la tragedia que sufrimos en Venezuela.
Libros de importancia no han faltado sobre los despropósitos del chavismo, pero el de Enrique Krauze no sólo destaca por la calidad de su contenido sino por el hecho de que lo escribió desde la perspectiva de un autor mexicano. Sin la atadura de las pugnas domésticas, sin la sospecha de un partidarismo intestino, sin los prejuicios ni las urgencias de quien pretende remendar las goteras de un techo que se derrumba sobre su cabeza, sin ánimo de pelearse con el "socialismo del siglo XXI", sino de ponerlo a congeniar con la tradición liberal del continente, ofrece una contribución digna de especial crédito.
Además, el prestigio de un historiador reconocido por los lectores de América Latina y España permite la difusión de los aprietos nacionales en un amplio sector de destinatarios extranjeros. De allí el crucial servicio que nos ha hecho con su estudio sobre El poder y el delirio, cuya lectura será provechosa, no sólo para quienes desconocen los capítulos esenciales de una deplorable historia, sino igualmente para quienes la sufrimos en carne propia.
eliaspinoitu@hotmal.com

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